Este 11 de Septiembre no me representa

Para unos podré parecer mayor, tanto como para mí lo eran en mi juventud aquellas personas que tenían 50 años, de lo que quiero pensar no hace tanto tiempo. Digo esto porque en mi juventud el 11 de Septiembre todavía era el Día de Cataluña, dicho sea al margen de la ideología que inspiraba algunas de sus celebraciones más conocidas. Yo lo vivía como una fiesta que representaba a todos los catalanes, los nacidos en esta tierra y los que venidos de otras provincias de toda España, hacían del principado el lugar elegido para iniciar una nueva vida y formar una familia.

En este día de fiesta, aparte de las habituales entregas florales de partidos políticos y sindicatos, las plazas de las ciudades – en mi caso Mataró, lugar de mi infancia- eran punto de reunión para disfrutar de los Castellers, Aplecs de Sardanes y bailes regionales. Lo mismo sucedía en Cornellá, Hospitalet o Barcelona, por citar lugares en los que también viví la “Diada”. La Casa de Extremadura, el Hogar de Murcia y varias peñas, organizaban actos, comidas populares y todo sin politizar, sin crear divisiones entre unos y otros. Recuerdo haber visto en una misma plaza cómo coincidían sardanas, jotas y muñeiras. Todo un ejemplo. Mayores y niños íbamos de un lugar a otro, disfrutando de la diversidad de actos y de la pluralidad del país.

Hoy el Día de Cataluña, la Diada de mi niñez, ha desaparecido, se ha politizado, convirtiéndose en una sectaria manifestación por una independencia que muchos jóvenes de aquel entonces, adultos hoy, no compartimos.

Se ha convertido en un día frentista, excluyente, donde además de las politizadas ofrendas florales, se despliega la estelada, que ni es jurídicamente bandera ni representa a Cataluña. Es el símbolo del deseo de una no mayoría, de romper con el resto de España y con Europa. De romper los vínculos de muchos catalanes, nacidos aquí o integrados luego en nuestra sociedad, con los orígenes de nuestra familia; Andalucía, Extremadura, Murcia, Galicia, etc…

La politización llega a tal extremo, que hasta contamina a los niños. Y donde antes había familias en las que los padres acompañaban a sus hijos a teatros de marionetas, payasos o cualquier otra actividad lúdica en la calle, que al día siguiente comentábamos en la escuela, ahora encontramos actos reivindicativos que bajo el calificativo “festivo”, que esconden adoctrinamiento y enfrentamiento; tanto entre catalanes, como entre algunos de ellos y el resto de España. Ahora, lo único que comentan los niños es en qué lugar de la manifestación estaban.

No creo que los niños tengan que ser utilizados en estos actos políticos, yo con mi hijo nunca lo he hecho y por eso no ama menos Cataluña.

Un 11 de Septiembre politizado, no es mi Día de Cataluña, no es mi Diada, no me representa y cada vez más gente lo piensa así.

Ismael Ciurana

Responsable de RRSS y Comunicación C’s Cornellà