En San Ildefonso la Guardia Urbana está de baja

● Hoy he hecho algo que hace mucho tiempo deseaba y que me ha aportado una grata experiencia. Algo que muchos políticos de nuestra ciudad deberían poner en práctica de una forma habitual.

Hoy me he sentado en un parque de la ciudad y he conversado con algunos de los mayores que allí pasan las horas “arreglando el barrio, arreglando la ciudad, arreglando el país” como ellos dicen.

La experiencia ha sido constructiva puesto que me han explicado su día a día, sus problemas, sus inquietudes, sus miedos. Las cosas que creen que se podrían mejorar en los barrios, en la ciudad y, como no, en el país. Y me lo han contado como vecinos que han visto nacer y crecer barrios como el de San Ildefonso. Vecinos que aún llaman al barrio como en sus inicios; “Ciudad Satélite”, cuando el barrio era una suma de “sembraos y descampaos”.

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Me cuentan que “al barrio llegaron gentes de todos los lugares de España a buscarse la vida”. Que las condiciones en sus ciudades de origen eran duras, zonas donde vivir era casi imposible. Aquí, aunque también era duro vivir, “teníamos un trabajo que nos daba cuatro perras para sacar adelante a la familia y levantar a los críos”.

Un barrio multicultural donde a pesar de que los de otros barrios, “nos llamaban la ciudad sin ley”, nunca hubieron los problemas que tienen hoy. Sigue siendo un barrio de acogida, pero “donde antes habíamos españoles de todos lados, ahora hay de todos lados, menos españoles” me dice Miguel avalado por el asentimiento de Juan y Cecilio. El boom del ladrillo hizo que muchos, sacándole muy buen rendimiento al piso, lo vendieran para irse a uno mayor y en otros barrios de la ciudad o en otras ciudades de alrededor.

Todos, reconocen que eso es lo de menos, puesto que la mayoría se integran bien, “ellos a lo suyo y nosotros a lo nuestro” según Cecilio, pero el problema es la inseguridad que a determinadas horas se vive en el barrio y la preocupación por los más jóvenes.

“Nosotros, ahora que viene el invierno y cae el sol antes, nos recogemos a las seis” dice Juan, “a la que oscurece, todos pasamos a ser caramelitos para los jóvenes sin trabajo que buscan un duro para sus vicios” . “y los días de mercado, salimos a comprar con las mujeres, que si no, les quitan los monederos”. Y es que todos coinciden que el barrio ha dejado de ser todo lo seguro que ellos querrían. “Antes todos conocíamos a todos los chavales, eran hijos de vecinos con los que trabajábamos, con los que nos tomábamos una copa en el bar” añade Cecilio, “con una mirada y un -se lo voy a decir a tu padre- había suficiente”, “sí que pasaban cosas, pero no como ahora”.

Por lo que escuché en la conversación, la opinión era generalizada, incluso entre aquellos que se incorporaron después. Incluso comentan que para salir de madrugada e ir al servicio de urgencias médicas, hay que pensárselo dos veces: “has de estar muy mal para ir porque sino, te esperas al día siguiente”.

También me explican que junto a las entradas del metro es donde se producen la mayoría de los robos. Juan me explicó una experiencia de su nieta durante una estancia en casa: “cuando iba para el metro, un par de chavales allí parados, junto al ascensor, esperaron que bajase los primeros escalones para, uno tirar del bolso mientras el otro la empujaba escaleras abajo” y otro día según cuenta Juan, “al salir del metro, noto que la seguían y se metió en el mercado”.

La zona que mencionan, a pocos metros de donde estamos sentados, no es una zona poco transitada, al contrario, la cercanía del mercado, del centro médico, parques infantiles, bares y terrazas, el metro, las paradas del bus y de taxis, teóricamente hace o debería hacer que fuese de las más vigiladas por la Guardia Urbana y/o Mossos. Pero parece ser que no es así. Yo, que paso por allí a horas muy tempranas con mi vehículo para ir al trabajo, les comento que casi todos los días veo a una coche de la Guardia Urbana, aparcado junto al mercado, muy cerca del cap, muy ceca de una de las salidas del metro, pero me comentan que “están a ratos, por la noche hay poca policía en la ciudad, y son pocos para tanto. Cornellá ha crecido mucho y no dan para todo”. También me explican lo que sucedió cuando este verano, un vecino se tiro desde la ventana de su piso. “Un guardia poniendo cinta y otro con el tráfico, el hombre allí tirado, los Mossos tardaron lo suyo en llegar y luego en llevárselo. Todo un espectáculo”.

Estas cosas son las que me hacen preguntarme, ¿en qué piensan nuestros gobernantes? ¿realmente escuchan a la gente? ¿Cuándo pasean por la ciudad, toman nota de los problemas reales de la gente y de los barrios? Estoy convencido que no, que toman nota en hojas que al igual que las palabras, se las lleva el viento.

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En uno de los plenos del pasado curso municipal, Ciutadans Cornellá, presento una moción en la que proponía, además de que se dotara a la Guardia Urbana con los medios técnicos necesarios, que se aumentase la plantilla aplicando la ratio actual para calcular el número de efectivos que faltan. Esta moción no fue aprobada porque el equipo de gobierno socialista del Sr. Balmón votó en contra.

Esto no puede seguir así, Cornellá no puede seguir así, los habitantes de esta ciudad que pagan sus impuestos no se lo merecen. Deben poder disfrutar de la ciudad a cualquier hora, sintiéndose seguros. La Guardia Urbana de Cornellá, tiene que tener todos los efectivos que necesite e incluso más. La Guardia Urbana de Cornellá tiene que poder efectuar todas sus labores sin que por hacer unas que no les corresponden se dejen de hacer otras que son esenciales.

En ciudades como la nuestra, donde ciertos barrios crecen, no es posible que vecinos como Juan, Cecilio o Miguel piensen que “la seguridad en San Ildefonso está de baja”.

Ismael Ciurana

Resp de RRSS y Comunicación