1976. 3ª Huelga General del Baix Llobregat . ¡Ejercitemos la memoria! ¡Y evitemos malas compañías!

 

santfeliuEl 11 de noviembre de 1975 –agonizando el dictador- se inició el conflicto de la empresa LAFORSA, en Cornellá de Llobregat, siendo despedida la totalidad de la plantilla al haberse solidarizado con un compañero injustamente despedido “Los obreros de LAFORSA a la opinión pública: Se cumplen ya 38 días desde que los obreros de “Laforsa” fuimos despedidos. El motivo de nuestra huelga y del despido es conocido ya: habernos solidarizado con un compañero que la Empresa quiso despedir el día 11 de Noviembre de forma, a nuestro juicio, totalmente arbitraria….”Poco después este movimiento solidario se extendió en toda la comarca, culminando en una huelga general en solidaridad con los trabajadores de LAFORSA (19 a 25/01/1976). Muchos entonces, siendo jóvenes, tuvimos ocasión de vivir y conocer la verdadera dimensión de la palabra SOLIDARIDAD. http://almedacornella.blogspot.com.es/2010/04/la-huelga-de-laforsa-1974-1975.html.

Desde mi punto de vista no sólo fue la culminación de un proceso de maduración del Movimiento Obrero de la comarca, que se presentaba como fuerza de cambio y de progreso, conformando no únicamente la conciencia de miles de trabajadores, venidos del mundo rural y de distintos puntos de España, de su pertenencia a una clase obrera con los mismos intereses; sino que además, en su empeño de mejorar sus propias condiciones de vida y la de sus familias, en un entorno urbanístico con graves desequilibrios y carencias de servicios públicos y equipamientos, promovieron un importante movimiento urbano, vecinal; y que con su perseverancia reivindicativa en demanda de escuelas, servicios sanitarios, cloacas, alumbrado público,…, estaban forzando la puesta en marcha del Estado de Bienestar.

Ser considerados ‘ciudadanos’ de pleno derecho, merecedores de ‘dignidad’. Tanto dentrocomo también fuera de las fábricas. Superando la estigmatización de ‘charnego’ y de ‘emigrante’; de ciudadanos de segunda, obligados a asumir acomplejadamente un rol de ‘invitado’ en ‘una casa’ que se les recordaba a menudo que no era la suya. Estigmas lanzados desde la xenofobia del sentir nacionalista, de la propia consciencia de la decadencia demográfica de Cataluña y del temor a que la necesitada ‘emigración’ la

‘descatalanizara’ –con índices muy bajos de natalidad, tal como recogía el excelente demógrafo catalanista Josep Antoni Vandellós en su obra Catalunya, poble decadent, de 1935; y lo expresaba como copromotor del Manifest per la conservació de la raça catalana, de 1934-. Con la ‘Extranjerización’ simbólica de esa mano de obra se esperaba obtener los efectosinmovilizantes y desmovilizantes, que le impidieran incidir social y culturalmente en la sociedad catalana-.

El Movimiento Obrero, históricamente, no surgió de una forma mecánica tras encontrarse los trabajadores con unas nuevas condiciones sociolaborales, como consecuencia de la introducción de nuevos procesos de producción; sino que además para su surgimiento precisó de la concurrencia de otro factor subjetivo: la manera en que los trabajadores concibieron esas nuevas condiciones. Será preciso la interiorización de los conceptos liberales fundamentales de dignidad, libertad, igualdad, derechos… Conceptos que fueron incorporados libremente por los trabajadores por influencia de los movimientos liberales progresistas y democráticos aparecidos en España durante el siglo XIX. La radicalización liberal del movimiento obrero conllevará a que éste se articule entorno a la noción de CIUDADANÍA.Conjuntamente se irá forjando el concepto de Solidaridad, que identifica a la tradición socialista; la aceptación libre de redistribuir y compartir los recursos propios con ‘tus iguales’ situados en posiciones de mayor desventaja social –lo que para mí representaría la base ética del futuro Estado de Bienestar-.

La primera huelga general en España de 1855 tuvo su epicentro precisamente en Barcelona; y en la ‘Exposición de la Clase Obrera a las Cortes’, del 29 diciembre de 1855, en reclamación de la libertad de asociación ya se vislumbraba la percepción que se tenía de sí mismos, de ser parte de la ‘ciudadanía’: “… y pues sólo la libertad es vuestro caduceo, proclamadla en todo y para todos. No la temáis, porque en ella está el orden. …. Hasta ahora no habéis consignado la de asociación en nuestro futuro código. …. Dadnos siquiera a nosotros, privados casi de todos los derechos políticos, este arma de combate. Os la pedimos en nombre de nuestra libertad ultrajada,..”. Los trabajadores empezaron a pedir

públicamente a la sociedad y al Estado que asumieran la responsabilidad de garantizar el respeto a su ‘dignidad de hombres libres’.

Un siglo después, desde la comarca, ‘la Carta suscrita el 12 de enero de 1970 por parte de la junta de presidentes y vicepresidentes del ramo del metal del Baix Llobregat’, en representación de unos 24.000 metalúrgicos de la comarca, y enviada al vicepresidente de gobierno Carrero Blanco, con ocasión de solicitar la amnistía de los presos políticos, se evidenciaba también ese compromiso con las libertades y los cambios políticos: “Son europeos la libertad de pensamiento y de conciencia; la legitimidad democrática de las instituciones; el libre y representativo sindicalismo; la garantía de observancia de los derechos humanos; la coexistencia del socialismo y la iniciativa privada; la separación de poderes; …”. “Consideramos que el futuro de convivencia democrática de nuestro país debe caminar en esta dirección…”.

Los trabajadores en el año 1855 como en el año 1970, al igual que en 1975-1976 durante el conflicto de LAFORSA, conscientes de su dimensión ciudadana, convertirían los conflictos laborales en asuntos públicos, comenzando a publicar escritos dirigidos a la opinión pública; pudiéndolo hacer sin complejos a través de sus propias palabras. Lo que influirá notablemente en los cambios sociales venideros. El sociólogo de la izquierda marxista norteamericana James Petras da cuenta de ello: “Existe en la actualidad un reconocimiento cada vez mayor de que el cambio político y socioeconómico depende cada vez más de la capacidad de los trabajadores para expresar sus demandas y preocupaciones en el idioma en el que lo hacen con mayor facilidad.”https://www.rebelion.org/hemeroteca/petras/bilinguismo.htm.

Con la llegada del ‘catalanismo político’ al gobierno de la Generalitat, con la victoria de Pujol ( de CDC, con el apoyo de ERC) en las elecciones autonómicas de 1980, y con el control de las instituciones de Cataluña, se inicia la expansión social del sentimiento nacionalista –hasta entonces aun poco relevante socialmente-. Y simultáneamente se podrá apreciar el inicio de un claro declive del movimiento obrero de la comarca –y en Cataluña, en general-; y en consecuencia, el declive del movimiento ciudadano que generó. Los historiadores podrán explicar la razón de ese declive seguramente por la concurrencia de múltiples causas; pero en mi opinión considero relevantes las de carácter subjetivo: las mismas que explicaron con anterioridad su surgimiento.

A partir de entonces se verá disminuida su presencia pública, reduciendo su capacidad de dirigirse de forma autónoma a la opinión pública; a la par que se debilitarán los valores socioliberales que lo sostenían. Desarmado conceptualmente, dará paso a una involución de esa conciencia ciudadana compartida, y dará oportunidad a un nuevo afloramiento de los ‘estigmas’ sociales inmovilizantes y desmovilizantes ya mencionados, y que se creían superados. Momento en que en el seno del discurso político e institucional empiezan a ser utilizadas palabras como ‘integración’, ‘normalización’… (Habría que preguntarse ¿A qué habría que integrarse?, ¿qué habría que normalizar? ¿No basta con ser un buen ciudadano respetuoso con sus compañeros y vecinos, cumplidor de sus obligaciones con el Estado y la sociedad, solidario con los demás, …?.). La lengua de reivindicación, la del movimiento obrero antifranquista, la castellana, pasará poco a poco a ser considerada ‘impropia’, minusvalorada socialmente y ‘avergonzante’…; desapareciendo paulatinamente de los espacios públicos formales e institucionales
(1).

La normalización y la inmersión lingüística en la educación monolingüe- únicamente en catalán-y dirigida sólo a una parte de la población – a los hijos de los trabajadores ‘emigrantes’ – actuará de vector del nuevo espíritu nacional –que sustituiría al que sufrimos con anterioridad-, y que se pretenderá imponer a la manera de ‘inmersión bautismal’. No se tratará tanto de educar ‘ciudadanos libres e iguales’, sino a ‘buenos nacionales, a buenos catalanes’. Catalán ya no será ‘el que viva y trabaje en

Cataluña y quiera serlo’ como llegó a decirse en algún momento, sino el que ‘viva en catalán, sienta en catalán y hable en catalán’.

En mi opinión todo ello tendrá su impacto negativo en el movimiento obrero y ciudadano, al producirse un corte generacional, que truncará identidades personales y complicidades familiares. Que incapacitará a una parte de las nuevas generaciones el poder conocer, y reconocer, con orgullo la historia común de la que fueron protagonistas sus padres y abuelos, dificultando la transmisión de la ‘sabiduría’ alcanzada por la experiencia de la lucha. Incluso en no pocos casos se llegará a avergonzarse del pasado familiar, llegando algunos de sus miembros a abrazar fanáticamente el nuevo credo, y hacer gala pública de ello, por temor a una insoportable exclusión social. El sociólogo marxista James Petras remarca la importancia

de ello: “…Es más, la creación de una clase obrera capaz de expresarse y segura de sí misma se basa en la recuperación de su Historia, de su contribución cultural, de la memoria colectiva de sus líderes y movimientos que dieron lugar a la industria y a los servicios que hicieron que la nación prosperase”. (2)

¿Sobre qué bases éticas se fundamenta el nacionalismo catalán o catalanismo político? ¿Son compatibles con las bases éticas del movimiento obrero y ciudadano? Es preciso hacer primero un poco de memoria histórica. El catalanismo político surge como propuesta política articulada tras el proceso de descomposición de lo que quedaba del imperio colonial español en 1898. De la frustración vivida por parte de la burguesía colonial catalana ante dichas pérdidas y con el ánimo de influir en los gobiernos de España, a los que se les culpa de la mala gestión colonial. Ante el nuevo contexto, urge garantizar la rentabilidad de los importantes capitales indianos expatriados por dicha burguesía, esperando disfrutar de similares condiciones como antaño, pero ahora dentro de la Península. Condiciones que son vistas y vividas como ‘derechos adquiridos’, exigiendo a los gobiernos la continuidad de las políticas proteccionistas sobre sus productos, enfrentándose así al estado liberal español. Arraigando así la creencia de que disponía –y dispone- del derecho a ser tratados de forma ‘diferente’ y ‘preferente’; pretendiendo extender ese mismo sentir al resto de las capas de la sociedad catalana, en aras a ganar su apoyo social, extendiendo la idea y el sentimiento de ‘catalanidad’.

Las justificaciones teóricas de ‘ese pensar’, de ‘ese sentir’ las encontrarán en distintas teorías científicas, culturales o espirituales románticas, que fueron tratando y construyendo la idea identitaria (sea racial, sea espiritual o sea cultural) de la ‘catalanidad’. Unas veces desde el racialismo científico de la época; otras desde el espiritualismo de tradición católica; u otras desde las manifestaciones culturales del romanticismo tardío que giró entorno a la lengua catalana, -hasta mitades del s. XIX llamada lemosín, y que con el movimiento de la Reinaxença a mitades del XIX pasará a territorializar su denominación-. Dicho pensamiento sentimental impregnará a su vez las corrientes políticas de la época, unas surgidas desde el federalismo republicano y otras desde el tradicionalismo conservador y católico, que conformaran en el futuro el llamado ‘catalanismo político’ de izquierdas o de derechas. Aunque ambos compartirán las mismas bases ideológicas y éticas ‘supremacistas’.

En consecuencia, las bases éticas del catalanismo político, con sus múltiples caras y formas, no tienen nada que ver con demandas como la emancipación de la clase obrera o como el empoderamiento ciudadano; ni con el pensamiento socialista democrático, ni con el pensamiento liberal progresista. Los conceptos -en su dimensión universalista- de Libertad, Igualdad, Solidaridad le son sustancialmente ajenos, ya que se fundamentan esencialmente en conceptos contrapuestos, en la ‘diferencia’ y el

‘supremacismo’ social. Los primeros fruto de la tradición racional ilustrada y los segundos resultados del romanticismo emocional.

Desde mi punto de vista el catalanismo político –que algunos pretenden ahora rescatar y mostrar como propuesta ‘centrada’ y ejemplo de ‘seny’, frente a la ‘rauxa’ independentista- no constituye propiamente un cuerpo doctrinal político –no es una teoría racional política- es más bien un sentimiento y muchas emociones, y por tanto con mucha capacidad de penetrar en la conciencia colectiva y en la de los individuos necesitados de agregarse a una identidad superior a ellos. Su forma de actuación, dicho en

términos cinematográficos, sería la propia de un ‘ultracuerpo doctrinal’, por su
estrategia colonizadora y expansionista, necesitando de otros cuerpos doctrinales más consistentes

racionalmente para alojarse y actuar (liberalismo, republicanismo, socialismo, comunismo,….). Su alta capacidad de penetración le permite, en distintos grados, alojarse en una multiplicidad de ‘huéspedes’, para llegar incluso a modificar sus respectivos ‘ADN’ políticos. (Actualmente presenciamos ese proceso de ‘des-adenización’ en el PSC, y su probable mutación política).

Aunque un caso digno de especial mención, por su relevancia en los momentos históricos al que nos referíamos al inicio, es la penetración en el cuerpo doctrinal del comunismo, en el histórico PSUC. Intoxicado ya de origen, a través de la brecha brindaba por la teoría leninista del derecho de autodeterminación -ahora derecho a decidir-, considerada como un dogma incuestionable (3). Las luchas de liberación nacional son vistas como oportunidades para los partidos comunistas; pero también al revés, cabe señalar que los movimientos aparentemente revolucionarios pueden presentar oportunidades al nacionalismo. Quizás porque ambas ideologías comparten algunos paradigmas, como compartir sujetos históricos colectivos: la Nación o el Pueblo; o la misma aspiración a la uniformidad social (una sola Nación, un solo Pueblo), en consonancia con la misma adicción al control social. Resultando también en

ambos casos la Ciudadanía una categoría subalterna, de segundo orden, supeditada a la Nación o el Pueblo.

Todo ello ayudaría a entender porqué en pleno 1975 y 1976 en el Baix Llobregat –en pleno proceso de movilizaciones obreras-, fue posible que expresiones propias del nacionalismo catalán -y legitimas de organizar, sin duda- pudieran hacer acto de presencia en la comarca de una forma visible y pública, incluso disfrutando de pequeños baños de masas prestados, a pesar de que había permanecido hasta entonces prácticamente invisible en la lucha antifranquista. La oportunidad le será ofrecida en el mismo epicentro del movimiento obrero en donde el PSUC tenía una importante presencia e influencia; pudiendo engancharse así al furgón de cola del antifranquismo –ya muerto el dictador- e impregnarse de cierto ‘izquierdismo’ que le resultaba necesario en aquellos momentos. Sin la valiosa colaboración del PSUC no se podría haber organizado el Congrés de Cultura Catalana en Cornellá de Llobregat, ni después la primera Diada de Cataluña en Sant Boi de Llobregat. En mi opinión, a partir de entonces, se iniciará la permeabilización del movimiento obrero y ciudadano de la comarca, dejando especialmente vulnerables a sus cuadros y dirigentes, facilitando la invasión oportunista de conceptos y valores que eran ajenos a su historia.

Actualmente los baixllobregatins nos reencontramos nuevamente con problemas y retos similares a los de la década de los años 70, y que además pueden hipotecar el futuro de nuestros hijos y nietos, y a los que hay que dar respuestas urgentemente. Se debe nuevamente exigir unas dignas condiciones de trabajo y oportunidades de empleo, que se han ido deteriorando de forma alarmante en los últimos años; defender el Estado de Bienestar en peligro de ser objeto de más recortes y privatizaciones; y defender las Libertades, la Igualdad y los derechos inherentes a la condición de ciudadanía. Amenazados todos ellos tanto por nuevas embestidas neoliberales; como por populismos neoproteccionistas, como los surgidos durante estos años de crisis en Europa y en España –como los que se viven en Cataluña con el movimiento independentista y el subalterno decisionista-, que ofrecen engañosamente soluciones fáciles a problemas complejos.

Nuestros padres y abuelos encontraron los instrumentos idóneos para contribuir al progreso social, político y económico de país; sólo hay que reconocerlos y utilizarlos. Es preciso, pues, recuperar la

Historia y la contribución cultural de aquel amplio movimiento ciudadano liderado por los trabajadores de la comarca, y que fue capaz de expresarse y estar seguro de sí mismos. Ni se necesitaron entonces, ni

se necesitan ahora, compañeros de viajes ‘tóxicos’, ni libertadores, ni salvadores de ningún tipo, que nos prometen imposibles itacas. Ahora, con el 40 Aniversario de la Tercera Huelga General del Baix Llobregat, se nos ha presentado a los baixllobregatins una buena ocasión para realizar un ejercicio de memoria histórica y de reflexión, para ir dando respuestas a la célebre pregunta ¿Qué Hacer?

(1) Un caso ‘avergonzante’ el vivido en el pleno municipal del Ayuntamiento de Sant Feliu del pasado 30/06/2016. El grupo municipal de C’s había planteado una moción para que fuera aprobada la señalización bilingüe de las señales de tráfico de la ciudad, en una población de mayoría castellanoparlante y por razones legales. Las intervenciones de CIU y ERC fueron intachablemente coherentes desde sus perspectivas netamente nacionalistas: la cuestión no podía ser objeto de discusión – era indiscutible- y que el monolingüismo en catalán en el espacio público era un tema político altamente sensible no tratable. Ahora bien, por parte de los tres portavoces municipales, causalmente de origen ‘charnego’, que intervinieron (Junts per Sant Feliu, Veins de Sant Feliu y ICV-EUiA ), y que votaron finalmente en contra del bilingüismo en el espacio público, lo hicieron de forma evasiva y excusatoria. Desviando y reduciendo el debate a una mera cuestión técnica y económica; obviando que la cuestión planteada hacía referencia a las libertades, derechos y a la igualdad (a la no discriminación). El primero abrió su intervención con el habitual acto de contrición al que últimamente estamos acostumbrados a ver y oir en distintas instituciones por parte de algunos representantes políticos de origen ‘emigrante’ , el de sentirse obligados de reconocer públicamente su condición de “charnego castellano parlante” -al estilo David Fernández, Rufián, Mena- y demostrar su posterior afección al ‘sistema’; el segundo alegó que era un tema “socialmente asumido” –o sea, se aceptaba la ‘sumisión social’-; y el tercero parecía invocar la legitimad de la tradición y del pasado inmutable –“s’ha vingut fent al llarg del temps”- , y confundir lo que es una demanda con el reconocimiento del derecho -“no ha hagut queixes al respecte”-. (La esclavitud o la segregación racial era una tradición, y aunque no hubieran muchas reclamaciones por partes de los esclavos de solicitar la libertad , no quiere decir que no se debiera reconocer. el derecho a la libertad.)
(2) James Petras: “Los monolingüistas, sea en Cataluña o en Estados Unidos, evocan la imagen de «amenazas» a su integridad cultural y, en el colmo del absurdo, se presentan a sí mismos como «oprimidos» por sus víctimas. Resulta curioso que, mientras los movimientos populares de los grupos de habla hispana y asiática han conseguido importantes avances hacia la educación bilingüe en Estados Unidos, ocurra al contrario en Cataluña: el dogma monolingüista es cada vez más la práctica habitual. Item más, si en Estados Unidos son los sindicatos de profesores progresistas, los movimientos sociales de la izquierda liberal y las confederaciones sindicales los que han asumido un papel abiertamente en defensa de los derechos al bilingüismo y a la cultura de afro-americanos, asiáticos e hispanos, en Cataluña los progresistas (incluidos sindicatos y partidos de izquierda) han respaldado las políticas monolingüistas del autoritario régimen catalán.” https://www.rebelion.org/hemeroteca/petras/bilinguismo.htm.
(3) El PSUC fue un ejemplo paradigmático de ‘huesped vocacional’ del nacionalismo. Fundado en 1936, ya iniciada la guerra civil, de la confluencia de Unió Socialista Catalana -una escisión catalanista del PSOE- con tres partidos más, como el Parti Catalá Proletari – proveniente de una escisión del ultranacionalista Estat Catalá-; y que contó con una base pequeña burguesa en el GEPCI, -la federación catalana de gremios y entidades de pequeños comerciantes e industriales- y de trabajadores de ‘cuello blanco’ de la UGT (y UGSOC). La mayoría de la clase obrera estaba ya encuadrada en la CNT –alejada del nacionalismo-. Su líder entonces, Joan Comorera, en sus escritos ya hablaba del riesgo de la inmigración, tanto para la causa nacional como para la división de la clase trabajadora. Para él ser antinacionalista era ser enemigo de la revolución social –ahora sería ‘fatxa’- . Recuperada la Democracia, en 1987 el PSUC desaparecerá en poco tiempo como partido formalmente comunista, mutando en INICIATIVA PER CATALUNYA (sin más apelativos al socialismo ni al comunismo) al confluir con los Nacionalistas de Esquerra –partido conformado a su vez de la fusión de varios partidos, entre ellos dos partidos netamente independentistas, el PSAN y el FNC-).

Enrique Ariza Murtro